La boda de Fran y María
El pasado mes de Febrero, Fran y María vivieron uno de los días más bonitos de sus vidas. El sol, asomado entre las nubes quería apuntarse a la fiesta, regalando un día suave que hizo más especial la ceremonia religiosa en el encantador pueblo de Logrosán. Allí, entre emociones a flor de piel y miradas llenas de ilusión, se dieron el "sí, quiero” rodeados de sus seres más queridos.
Después, todos se trasladaron a la espectacular finca Dehesa de La Torrecilla, en Trujillo, un lugar de esos que parecen sacados de una película. Todo era cuidado al detalle: elegante, con estilo, pero con ese aire cálido que hace que todo el mundo se sienta en casa.
Uno de los momentos más bonitos fue ver cómo amigos llegaban desde distintos rincones de España para acompañar a Fran y María. La mezcla de abrazos reencontrados, risas de grupo y anécdotas vividas en otros tiempos creaba una energía increíble. Era evidente que esta no era solo una boda, era una fiesta de la vida.
Y qué decir de la barra libre... La música en directo lo dio todo. Un conciertazo que hizo vibrar a todo el mundo, jóvenes y no tan jóvenes, con temazos que invitaron a cantar y bailar. La pista ardía, los zapatos volaban, y las historias del día se convirtieron en recuerdos para siempre.
Fue una boda elegante, sí, pero sobre todo viva, alegre y auténtica. Llena de gente joven con ganas de celebrar el amor de dos personas que, sin duda, tiene una complicidad que se contagia. Una de esas bodas que se recuerdan no solo por lo bonito del lugar, sino por lo bien que lo pudieron pasar todos juntos.
Porque cuando el amor es real y se celebra con tanta alegría, solo puede salir una cosa: un día perfecto.
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